Ubicada en el corazón del paisaje agavero de Amatitán, Jalisco, en la Zona Valles, entrelaza la herencia de los métodos tradicionales con la precisión de procesos modernos que aportan calidad y consistencia, dando vida a la bebida espirituosa más emblemática de México: el Tequila.
Proceso de elaboración
del Tequila
La Jima
En cada ciclo, nuestros jornaleros acompañan con paciencia el crecimiento de más de 20 millones de plantas de Agave Azul, honrando y atendiendo día con día su desarrollo, respetando los ritmos de la tierra y el tiempo que cada una requiere para alcanzar su madurez.
Solo cuando el Agave llega a su punto óptimo, comienza su transformación en arte. Es entonces cuando nuestros jimadores realizan la jima con precisión, retirando cada penca para revelar su corazón: la piña.
Las piñas de Agave se parten por mitades para comenzar su proceso de transformación. Bajo el vapor constante – entre 90ºC y 98ºC-, nuestro horno de mampostería recubierto con barro comienza un proceso lento y esencial.
Durante horas, transformamos lo crudo en dulzura, la textura se suaviza y los azúcares naturales se concentran. Este cocimiento cuidadoso nos permite retirar el líquido del primer hervor y preservar las notas más finas del Agave cocido, que más adelante se expresarán en aromas, sabores y untuosidad del Tequila.
Cocimiento
Extracción
La tradición se preserva en la extracción, con la Tahona, también conocida como molino de piedra volcánica, extraemos la esencia del Agave.
Bajo el giro lento y constante de la rueda sobre las fibras de Agave cocido y con el flujo paulatino de agua proveniente de los mantos volcánicos de Amatitán, obtenemos los jugos del Agave ricos en azúcares que serán parte esencial en la fermentación.
Aquí comienza la evolución hacia nuestra bebida emblemática. Los jugos obtenidos en la tahona se vierten en nuestros tanques de fermentación que están expuestos al aire de Amatitán, donde el mosto se deja reposar para que la levadura natural y salvaje del ambiente local comiencen su labor silenciosa, convirtiendo los azúcares en alcohol, enriqueciendo el mosto con una complejidad de aromas.
Como firma de nuestra destilería, durante la fermentación incorporamos fibras de Agave molidas de la tahona, enriqueciendo aromas y sabores diferentes que resultarán en perfiles de Tequilas inigualables.
Fermentación
en tanques
Doble
destilación en alambiques
de cobre
Los alambiques de cobre son nuestra herramienta principal para realizar nuestra primera destilación con bagazo de Agave en su interior, en una segunda destilación, obtenemos intensas notas y aromas propios de un Tequila blanco 100% de Agave con carácter artesanal.
Dentro de nuestra cava de más de 2,000 m2, albergamos barricas en condiciones climáticas óptimas que conlleven a garantizar el reposo debido de los Tequilas para su maduración.
Según la definición del perfil, el Tequila Blanco obtenido en la destilación se vierte en Barricas de Roble Blanco Americano o Roble Blanco Francés, para transformarse en Tequila Reposado, Añejo y/o Extra Añejo.
Maduración
Envasado
Nuestro envasado, es el acto final de una historia que comenzó en la tierra. Cada perfil —Blanco, Reposado, Añejo o Extra Añejo— encuentra en esta etapa su forma definitiva.
El detalle y cuidado puesto en esta etapa, lo atribuimos a las manos trabajadoras de nuestra gente, quienes, con dedicación, aseguran la perfección en cada botella, así, cada pieza que sale de nuestra destilería está lista para llevar al mundo un destilado único y con sentido a quien la recibe.
Gracias al Agave Azul, que, con su extraordinaria metamorfosis nos revela su armonía, esencia y dulzor; dando vida a una bebida espirituosa mexicana 100% de Agave, creada para deleitar al mundo con su autenticidad, sabor, cuerpo y aromas.
En Casa Natima, integramos sublimemente la tradición con la modernidad para crear perfiles de Tequila únicos, guiados por la visión de nuestro Maestro Tequilero, Carlos R. Huízar.